CIORAN BREVIARIO DE LOS VENCIDOS PDF

No puedo explicarlo de otra forma. His writings, or at least a significant part of them, resemble more extended aphorisms rather than typical, consistent philosophical treatises; and that is why they sometimes create an illusion of incoherence or even contradiction. In so far as his philosophy, Cioran is clearly under influence of gnostic thought. He postulates a dualism between two co-equal principles, the good and the bad, that try to combat each other. He invokes a figure of the Demiurge, who in gnostic cosmology is said to have made the physical world, full of pain and misery.

Author:Tygogis JoJokus
Country:Sao Tome and Principe
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):2 September 2008
Pages:260
PDF File Size:2.75 Mb
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ISBN:280-3-56958-868-7
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Tusquets Editores Sinopsis Redactado en Pars entre y , Breviario de los vencidos es el sexto y ltimo libro que el pensador E. Cioran Rasinari, Rumania, Pars, escribi en rumano. Las ideas que vertebran estas pginas la nada, el xtasis, el dolor de existir, el tormento religioso o la insuperable melancola de un yo que se sabe irremediablemente escindido de la totalidad van cobrando forma en la inconfundible voz de Cioran, un insomne que ha hecho del tedio y del desencanto la autntica morada del hombre, y que las aborda desde las innumerables perspectivas que es capaz de adoptar: la del mstico, el esteta, el nihilista, el apocalptico o el antimoralista.

A Guipzcoa Liberdplex, S. Se elevaban hacia no s qu otro cielo cuando les tenda mis manos golosas de su abundancia. Las ramas de las bvedas se comban sobre las esperanzas de nuestras plegarias; cuando stas callan, aqullas pierden sus frutos. Tampoco brotan flores en el cielo ni las vides dan fruto. Dios, como no tiene nada que guardar en su casa, de aburrimiento y enojo, deja yermos los jardines del hombre. No, no; no es la visin de los astros lo que me deslumbrar. Bastante luz he perdido mendigando a las alturas.

Harto de toda laya de cielos, he dejado mi alma a merced de los ornamentos del mundo. Y puso un querubn, que blanda flameante espada, para guardar el camino del rbol de la vida Gnesis, 3, Por ese camino he mendigado muchas veces. Y los caminantes, ms pobres que yo, tendan sus manos vacas donde dejaba caer el bolo de la esperanza.

Y cuando caminaba as, en medio de esa multitud oprimida, el sendero se hunda en cinagas y la sombra de las ramas del paraso se perda en el sinfn del mundo. Ni modestia ni paciencia nos harn dueos de lo que perdi nuestro fatal ancestro. Necesitamos un espritu de fuego, y entonces ese querubn, enemigo que afila armas y locuras, se derretir en la pira de nuestra alma.

Nos ha cerrado el Todopoderoso todos sus caminos? Plantaremos entonces otro rbol aqu, donde no tiene guardianes, ni espada ni llamas. Crearemos un paraso a la sombra de los suplicios y mansamente descansaremos bajo enramadas terrenales, como ngeles efmeros. Que l se quede toda una eternidad donde no haya nadie; nosotros seguiremos pecando, mordiendo las manzanas que se pudren al sol.

Amando las ciencias del pecado, seremos comparables a l y, por mor del sufrimiento de la Tentacin, ms grandes an. Crey l que con la muerte nos hara esclavos y que le serviramos. Pero nosotros, poco a poco, nos hemos acostumbrado a la vida.

Vivir: especializarse en el error. Burlarse de las verdades indubitadas, no hacer caso de lo absoluto, tomar a broma la muerte y transformar lo infinito en azar.

Slo se puede respirar en lo ms hondo de la ilusin. El mero hecho de ser es tan grave que, comparado con l, Dios es pura bagatela.

Armados por los accidentes de la vida, asolaremos las crueles certezas que nos acechan. Cargaremos contra ellas, embestiremos contra las verdades, atacaremos las luces que nos ciegan.

Quiero vivir, y por todas partes salta el espritu contra m, defensor de las causas del no-ser. As, fiel a s mismo, blande el hombre la espada en la cruzada de los errores.

A mis semejantes ya los conozco. A menudo he ledo en sus ojos ausentes y vacos el sinsentido de mi destino o he reposado de mis rebeldas durante las pausas de sus miradas. Pero su angustia no me es ajena. Ellos quieren, quieren , incesantemente. Y cmo no haba nada que querer, mis pies pisaban sus huellas como si fueran espinas, mi sendero serpenteaba por el lodo de sus anhelos y blanqueaba con una intil aureola su bsqueda vana.

Ellos no saben que el paraso y el infierno son floraciones de un instante, del instante mismo, que no hay nada ms all de la fuerza de un xtasis intil. En su camino de mortales, no he encontrado la parada eterna sobre la bveda de los instantes.

Veo un rbol, una sonrisa, un orto, un recuerdo. Acaso no existo yo ilimitadamente en cada uno de ellos? Qu otra cosa puedo esperar adems de esa visin definitiva, esa incurable visin del relmpago temporal? Los hombres sufren de futuro, irrumpen en la vida, huyen en el tiempo, buscan. Y nada me hiere ms que sus ojos anhelantes, vanos pero desprovistos de vanidad. Yo s que todo es final, que solamente existe un instante, cada instante, que el rbol de la vida es un estallido de eternidad, reversible en los actos del ser.

Y, as, ya no quiero nada. A menudo, cuando me encuentro en las noches que erigen los fondos del mundo, cmo saber si soy o no soy? Y, entonces, se puede ser o se puede no ser? O bien, atrapado en las vagas ondulaciones de la msica, perdido en medio de ellas, purificado de los azares de la respiracin, cmo me parecera a mis semejantes?

No tener sino una meta: ser ms intil que la msica. En ella no encuentra uno ni el es ni el no es. Dnde te encuentras como tumultuosa vctima de su hechizo? No es acaso ella un ninguna-parte sonoro? Los hombres no saben ser intiles. Ellos tienen caminos que seguir, puntos que alcanzar, necesidades que realizar. No saborean la imperfeccin, cuando el sentido de la vida es el xtasis de esa imperfeccin! Pero, cmo revelarles la simplicidad de este misterio, cmo seducirlos con el resplandor de un misterio y embriagarlos con tan sencilla fascinacin?

Qu noches y qu das acuden a mi mente Silencio nocturno en los jardines del sur Sobre quin se inclinan las palmeras? Sus ramas parecen ideas fatigadas. En otro tiempo, cuando en la sangre llevaba ms alcohol y ms Espaa, mi furia las habra hecho volverse hacia el cielo, mi pasin habra enderezado su cansancio terrenal y los latidos de mi corazn las habran empujado hasta la proximidad de las estrellas.

Ahora soy feliz de que ramas pensantes me separen de los astros, de saborear al amparo de su brisa una dulce soledad, de anonadarme en el esplendor de una tierra divinizada por la noche.

Si vivisemos en jardines, no habra sido posible la religin. Su ausencia nos ha empujado a anhelar el paraso. El espacio sin flores ni rboles impele a los ojos a mirar al cielo y recuerda a los mortales que su primer antepasado hizo un breve alto en la eternidad y descans fugazmente a la sombra de los rboles. La historia es la negacin del jardn. Debo mis esperanzas a las noches. Sobre las alas de la oscuridad, fuera del espacio, solo entre la materia y el sueo, elevo los aromas de la decepcin a fragancias de felicidad.

Nada me parece imposible en la noche, ese posible sin tiempo. Todo es ms que posible, pero el futuro no est. Las ideas devienen pjaros de pensamiento y adnde vuelan? A una trmula eternidad, como un ter rodo por las reflexiones. As he llegado a contemplar el sol con un extrao inters. Qu malentendido llev a los hombres a robarle sus turbulencias y a transformarlas en algo provechoso?

Qu falta de poesa hizo a un astro puro degradarse en monstruo utilitario? No nos hemos acercado todos demasiado humanamente a sus rayos luminosos y, creyndolos fuente de lo real, le concedimos demasiada realidad? Por qu habremos proyectado la finalidad hasta el mismo cielo?

Yo no s hasta donde es el sol. Pero s s muy bien hasta qu punto yo ya no soy bajo el sol. Quien a orillas del mar, durante horas seguidas, con los ojos entornados, paralelamente al tiempo, durante la horizontal del sueo y tan fugaz como la espuma sobre la arena dorada, no ha sentido la mezcla de felicidad y de nada de ese derroche de resplandor, se no conoce ninguno de los peligros que la belleza ha trado al mundo.

Yo crea ser joven bajo el sol y me encontr sin edad. Y si a media noche tena aos, ya no los tena en el meridin. Todas las edades huyen y permanecen entre el ser y el no-ser, vestigio vibrante en el nihilismo mstico de las insolaciones. CUANDO bajaba del burgo transilvano, a no s qu hora al atardecer ni en qu ao de mi juventud, infeliz y deseoso de infortunios, demasiado presumido para pensar en el sol, la revelacin del ocaso quebr de repente el orgullo de mis rodillas.

Mis sombras se encontraban con la fatiga del crepsculo y lo que an quedaba de sol entre las manchas del corazn se postr en el regazo de una urea agona. Y mi agradecimiento al astro se dirigi tambin hacia el Egipto de mi propia alma.

Desde entonces no he dejado de echar incienso sobre la muerte y el sol, como lejano descendiente de algn haragn de las inmemoriales riberas del Nilo. AL igual que amas los libros que te hacen llorar, las sonatas que te han cortado el aliento, los perfumes que te insinan renunciamientos, a las mujeres extraviadas entre el cuerpo y el alma, as sucede con los mares: te enamoras de aquellos cuyo oleaje induce a ahogarse en su seno.

No he buscado en el mediterrneo poesa ni violencias, ni tampoco turbulentas vorgines en sus olas. A esas inclinaciones encontr respuesta sobre los acantilados de Bretaa. Pero, cmo olvidar un mar donde dej mi pensamiento? En una memoria ms corta que el presentimiento de eternidad de lo efmero, guardara la imagen y el reconocimiento del azul inhumano del mar decadente.

En sus orillas se hundieron imperios y tantos y tantos tronos del alma Cuando el aire suspende su calma y la inmovilidad meridiana alisa las olas en medio de un fulgor abstracto, entonces s lo que es el Mediterrneo: lo real puro.

El mundo sin contenido: la base efectiva de la irrealidad. Slo la espuma, actualidad de la nada, contina como si pugnara por ser Lo nico que podemos hacer es zarpar a alta mar. Sin deseos de echar el ancla.

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